Son jornaleros agrícolas los nuevos esclavos del Siglo XXI sin grilletes y cadenas

Obligados por la pobreza extrema que viven en sus lugares de origen, donde no hay trabajo, según comentan, cada año llegan a la región y la entidad cientos de jornaleros agrícolas en busca de mejores condiciones de vida, algunos de ellos acompañados de sus familias, se encuentran viviendo en condiciones infrahumanas y los niños tienen que trabajar para aportar a la economía, cargando en sus espaldas pesadas canastas del producto recolectado, viéndose robada su niñez y convirtiéndose todos en los nuevos esclavos del Siglo XXI, donde no es necesario traer grilletes y cadenas.

La misma pobreza obliga a familias enteras a migrar temporalmente a campos agrícolas en comunidades remotas en busca de atenuar las condiciones en las que viven en sus comunidades de origen. No les interesa tener que viajar cientos o hasta miles de kilómetros, todo con la mira de vivir mejor.

Alejados del terruño algunos llegan por primera vez a la región y otros ya tienen varios años haciéndolo. Llegan y se enfrentan a condiciones infrahumanas de trabajo: pasan varias horas diarias bajo el sol expuestos en ocasiones a pesticidas, viven en una especie de “gallineros”, esto en la colonia Lotes Urbanos de Delicias, donde varias familias comparten un solo baño en espacios de un metro de ancho por dos de alto, donde si acaso cabe una persona.

El lugar, donde les cobran de 20 a 30 pesos diarios, tiene varios compartimientos, pero una gran parte no cuenta con puertas. Tiene un solo baño y es insalubre. Ahí viven varios jornaleros, provenientes del sur del país.

Hay basura, gallinas en el patio, ropa en los tendederos y los cuartos, son hechos a base de paletas o tarimas de madera donde se cuela el agua y el aire y sólo algunos son cubiertos con láminas.

Está el albergue de jornaleros agrícolas de la colonia Laderas del Norte, con muchas mejores condiciones, agua caliente y comodidades como televisión, pero no van, porque hay reglas de entrada, no se permite el consumo de bebidas alcohólicas y prefieren vivir en condiciones completamente deplorables, sin reglas y hacer lo que le da la gana, antes que alinearse, reconoció Patricio Barrera Juárez, titular en Delicias de la Coordinadora Municipal de Protección Civil.

“Es un trabajo esclavo que no amerita cadenas, es esclavo al no existir contratos, es esclavo al tener mujeres embarazadas y niños trabajando, es esclavo porque no les están dando un lugar digno donde vivir, un lugar salubre con servicios básicos”, dijo a medios nacionales en su momento Isabel Margarita Nemesio, integrante del equipo del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, quien desde hace años documenta el dilema entre migrar o morir, que año con año enfrentan los jornaleros agrícolas. Esto tras el rescate de 275 jornaleros en Jalisco.

Cada año llegan a la región y a otras del norte del país jornaleros de varios estados de la República Mexicana, de entidades como Querétaro, Hidalgo, Zacatecas, Morelos, Nayarit, Guerrero, Edomex y Veracruz.

El problema es que estas condiciones en la mayoría de sus casos no son denunciadas, reconoce la oficina regional de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH).

Los trabajadores del campo son reclutados con la promesa de un pago diario de cien pesos o más, tres alimentos al día, hospedaje, escuela y guardería para sus hijos, pero la realidad es otra, y hay que trabajar duro para sacar esa cantidad o aún más, ya que hay quienes obtienen en promedio 150 diarios.

Los jornaleros eran engañados y maltratados física, emocional y laboralmente, como ha sucedido en algunos predios a agrícolas, por ejemplo, los tarahumaras que fueron engañados y no se les tenía una paga digna.

Los trabajadores del campo migrantes son los más vulnerables, porque desde el principio no cuentan con contratos formales de trabajo, quedando desamparados y desprotegidos, lo que a todas luces se traduce en una forma de esclavitud moderna, donde no hacen falta grilletes ni cadenas.

De acuerdo con la Encuesta Nacional Jornalera ( 2009), en el país hay cerca de dos millones de jornaleros temporales, de una población jornalera de 9.2 millones en el territorio nacional.

Los jornaleros agrícolas se enfrentan a contrataciones informales y sin ninguna protección legal, malas condiciones y acondicionamiento de vivienda temporal, como la ya citada de Lotes Urbanos, donde viven en espacios bastante reducidos, pero están acostumbrados a ello, ya que pueden en muchos de los casos, utilizar el albergue de Laderas del Norte, y no lo hacen por las restrictivas reglas que les prohíben embriagarse o drogarse, dice Patricio Barrera Juárez.

Eso es en cuanto a los mayores de edad, pero en los campos agrícolas de la región también hay trabajo infantil, de niños incluso, donde existe violación a sus derechos humanos empujados en la mayoría de los casos por sus propios padres.

NIÑEZ ROBADA

El profesor jubilado Isaac Lomas Sánchez, ex presidente del CDM de MORENA en Delicias y ahora solo militante, menciona que los niños tienen derecho a estar sustentados económicamente, y que en ocasiones hay problemas de salud pública.

Pero en el caso de los niños jornaleros que trabajan, esto obedece a una necesidad que viene aparejada a la pobreza, ya que “el sistema no tiene la capacidad para mantener el empleo y esto orilla a que los menores tengan que trabajar”.

Agrega que “no se sustenta el empleo y en esto son responsables también los padres que meten a los niños a trabajar a muy corta edad, viéndose robada su niñez, por lo que se debe denunciar eso ante las instancias correspondientes, ya que los niños no tienen por qué estar trabajando y menos en esas condiciones”.

Dijo que en el caso de los niños jornaleros agrícolas están para recibir, no para dar. “Están dando su esfuerzo, cuando ese tiempo lo pueden aprovechar para descansar y estudiar. Tenemos aquí casos de infancia robada, ya que los niños, a causa del esfuerzo realizado al cargar en sus espaldas canastas de chile o del producto pizcado pueden sufrir alguna lesión.

También hay veces en que todos los miembros de la familia, que vienen desde muy lejos, tienen que vender su fuerza laboral al sector productivo, y son la falta de supervisión de los responsables institucionales y la existencia de condiciones políticas y jurídicas las que permiten e incentivan que los niños trabajen en condiciones extenuantes.

De los más de tres millones de niños, niñas y adolescentes que se estima trabajan en México, el 30 por ciento se encuentra ocupado en actividades del campo, donde pasan su infancia entre en los cultivos de chile, melón, tomate rojo, tomate verde, uva, calabaza, caña, café, manzana, durazno y otros productos del campo, en lugar de acudir a estudiar en un aula escolar.

Según Sedesol, 50% de los niños menores de 14 años miembros de familias jornaleras no asisten a la escuela.

“Un niño que se inserte a trabajar antes de los diez años de edad, probablemente seguirá siendo jornalero toda su vida”, señala Cocolli.

La investigación destaca que el trabajo infantil agrícola es la actividad laboral que menos cuestionamientos genera por parecer “arraigado” en la cultura indígena y campesina de nuestro país, en un sistema que lo tolera y poco o nada hace para terminar con ello.

Estudiosos de la materia señalan que al fenómeno de abusos en contra de jornaleros se suma la falta de denuncia por parte de este sector y de algunas instancias que sólo están a la espera de recibir reportes para actuar, cuando su obligación es hacerlo de manera oficiosa.